El sector de la construcción en Playa del Carmen atraviesa una etapa de desaceleración y actualmente opera apenas al 50 por ciento de su capacidad, de acuerdo con el Sindicato de la Construcción, Castillería, Comercio y Anexas, que además acusó la existencia de monopolios y prácticas que continúan desplazando a trabajadores locales de proyectos públicos y privados.
José Luis Briseño Ojeda, secretario general del sindicato, señaló que aunque todavía existe actividad en la Riviera Maya, el panorama ya no es comparable con años anteriores, particularmente después del auge de las obras vinculadas al Tren Maya y otros grandes proyectos de infraestructura.
El dirigente afirmó que uno de los principales problemas dentro del sector es la concentración de contratos y obras en grupos específicos, situación que, aseguró, comienza desde la propia obra pública.
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“Vemos que hay mucho monopolio”, declaró al cuestionar la falta de inspecciones y supervisión adecuada en algunas obras ejecutadas recientemente en la ciudad.
Como ejemplo, mencionó trabajos realizados sobre la avenida 10, donde criticó la colocación de rampas para personas con discapacidad que, según dijo, terminan obstruidas por postes, árboles y muros, lo que las vuelve inoperantes para ciudadanos en silla de ruedas.
Briseño Ojeda sostuvo que este tipo de situaciones evidencian fallas de planeación o posibles intereses detrás de la aprobación de ciertas obras, al considerar que resulta difícil entender cómo proyectos con problemas visibles son aceptados sin observaciones técnicas o administrativas.
El líder sindical también señaló que las empresas externas continúan llegando al municipio con sus propias cuadrillas y personal, reduciendo las oportunidades para trabajadores locales. Indicó que este fenómeno no ha podido frenarse y que incluso ocurre dentro de proyectos impulsados por autoridades o empresas vinculadas a desarrollos importantes de la región.
Explicó que durante la etapa de mayor actividad del Tren Maya arribaron trabajadores de diversos estados del país; sin embargo, conforme disminuyeron las grandes obras, muchos regresaron a sus lugares de origen ante la falta de oportunidades suficientes en Playa del Carmen. Otros permanecieron en la ciudad intentando incorporarse a nuevos proyectos, aunque con dificultades.
A la par de la baja en el volumen de trabajo, Briseño Ojeda afirmó que otro obstáculo importante son los trámites administrativos para desarrollar proyectos, los cuales calificó como excesivamente complicados y lentos. Señaló que algunos inversionistas y desarrolladores prefieren aplazar proyectos hasta que existan cambios de gobierno o condiciones más favorables para iniciar construcciones.
También criticó la falta de espacios de participación ciudadana en torno a proyectos urbanos y obras públicas, asegurando que muchas decisiones se toman sin mesas de trabajo abiertas ni consulta efectiva hacia la población.
En ese contexto, recordó que en administraciones anteriores existía mayor participación de sindicatos y trabajadores locales en proyectos públicos, situación que, dijo, ha cambiado con el paso de los años debido a que muchas constructoras vinculadas a grupos políticos o empresariales operan actualmente con personal propio.
Pese a ello, reconoció que la construcción sigue siendo uno de los sectores económicos con mayor movimiento en Playa del Carmen, especialmente en zonas de expansión urbana y desarrollos habitacionales, aunque insistió en que las condiciones actuales ya no permiten el mismo nivel de empleo y participación para la mano de obra local.