El Jardín Zoológico Payo Obispo atraviesa un momento de profundo pesar tras confirmarse el fallecimiento de “El Güero”, un dromedario de 38 años de edad que durante décadas se consolidó como uno de los ejemplares más representativos, queridos y emblemáticos de este espacio recreativo en la capital del estado. Su partida ha generado consternación tanto entre el personal del zoológico como en generaciones de familias chetumaleñas que crecieron con su presencia.
La encargada del recinto, Bianca Novelo Durán, informó de manera oficial sobre el deceso, acompañada por el equipo de médicos veterinarios y cuidadores que estuvieron al frente de su atención durante años.
De acuerdo con los expedientes clínicos, “El Güero” había superado ampliamente la expectativa de vida promedio de su especie en condiciones de cautiverio, por lo que su fallecimiento estuvo asociado a complicaciones naturales derivadas de su avanzada edad. En este sentido, se descartó cualquier tipo de negligencia, subrayando que el ejemplar se mantuvo bajo vigilancia y cuidados permanentes hasta sus últimos momentos.
Novelo Durán destacó que el dromedario recibió atención integral y especializada, que incluyó dietas balanceadas con suplementos vitamínicos, monitoreo médico constante y estrategias para mitigar los efectos propios de la senectud.
“Se le dieron todas las atenciones posibles, y ya no nos respondió”, expresó la funcionaria, reflejando el esfuerzo del personal por preservar la calidad de vida del animal hasta el final.
Asimismo, resaltó el vínculo afectivo que existía entre “El Güero” y sus cuidadores, quienes lo consideraban parte esencial de la comunidad del zoológico.
El Ayuntamiento de Othón P. Blanco también manifestó públicamente sus condolencias, reconociendo la labor del equipo técnico y humano que durante años garantizó el bienestar del dromedario.
Con su fallecimiento, el Zoológico Payo Obispo no solo pierde a uno de sus habitantes más longevos, sino a un símbolo que formó parte de la memoria colectiva de la ciudad. “El Güero” deja un legado imborrable como un ícono que acompañó a múltiples generaciones, consolidándose como un referente histórico y afectivo para Chetumal.