EL RUGIDO DEL BALAM

Cubanos en Cancún: La factura de la “Guapería”

Hoy, son cientos de cubanos honestos quienes están pagando la factura de esa “guapería”

LOCAL

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El Rugido del Balam, columna de Jorge Castro Noriega del 2 de junio de 2026 Créditos: El Heraldo Media GroupCréditos: El Heraldo Media Group

En Cuba, un “guapo” no es precisamente un hombre atractivo. Es el bravucón del barrio. El pendenciero que presume valor a gritos, intimida, amenaza y busca imponer su voluntad a los demás. Y la “guapería” es, justamente, esa mezcla de fanfarronería, chulería y prepotencia que tantos cubanos de bien detestan porque les recuerda una de las peores caras de la isla.

Por eso resulta tan revelador que hayan sido los propios cubanos radicados en Cancún quienes primero levantaron la voz tras el escándalo protagonizado por Rigoberto Díaz Cruz, señalado por agredir a un mexicano luego de que éste reclamara la mordedura de un perro.

El caso se volvió viral, derivó en protestas, movilización policial, intervención del Instituto Nacional de Migración y, según versiones difundidas en medios cubanos, incluso en la deportación del agresor.

Pero el problema ya dejó de ser un solo hombre. Hoy, son cientos de cubanos honestos quienes están pagando la factura de esa “guapería”.

Organizaciones y residentes denuncian dificultades para conseguir o conservar empleos, obstáculos para rentar viviendas, rechazo en algunos negocios y un ambiente de hostilidad que jamás debió alcanzar a quienes no tuvieron nada que ver con el incidente.

Y tienen razón en quejarse. No se puede juzgar a toda una comunidad por las acciones de un individuo que, ratón en su país, quiso sentirse león en tierra ajena.

Menos cuando miles de cubanos llegaron a Quintana Roo huyendo de la pobreza, la represión y la falta de oportunidades, buscando trabajar, emprender y construir una vida digna en la isla. 

Sin embargo, tampoco puede ignorarse una realidad incómoda. Tan sólo en los últimos meses ciudadanos cubanos han aparecido involucrados en casos de secuestro, narcomenudeo, tráfico de divisas, agresiones vecinales y hechos violentos.

Apenas ayer, la Fiscalía de Quintana Roo informó la captura de dos cubanos acusados de golpear a una mujer de la tercera edad en Puerto Morelos.

Son hechos aislados frente a una comunidad mucho más grande y trabajadora, sí. Pero también son suficientes para alimentar prejuicios y encender el enojo social.

Ahí aparece otra pregunta obligada: ¿qué está haciendo el Instituto Nacional de Migración?

Desde hace años circulan denuncias sobre presuntas redes de corrupción, trámites irregulares y controles laxos. Si las autoridades no son capaces de distinguir entre quien viene a trabajar y quien viene a delinquir, terminan perjudicando a todos.

México siempre ha sido tierra de puertas abiertas. Pero abrir las puertas no significa renunciar al orden ni tolerar faltas de respeto de nadie.

Bienvenidos quienes llegan a sumar, trabajar, emprender y respetar nuestras leyes.

Los “guapos”, los que cargan la “guapería” a flor de piel y creen que pueden venir a golpear, intimidar y fanfarronear aquí lo que jamás se atrevieron a hacer frente a un policía con macana en Cuba, esos sobran y tendrán que irse o asumir las consecuencias de sus actos.

ZARPAZO

La lección tampoco es exclusiva para los cubanos. Quintana Roo recibe argentinos, españoles, italianos, rusos, estadounidenses y ciudadanos de medio mundo. Algunos llegan a construir, pero otros creen que llegaron a una tierra de conquista.

Y cuando alguno cruza la línea descubre una verdad muy mexicana: podremos discutir entre nosotros todos los días, pero cuando se agrede a uno de los nuestros, la sangre llama. Y los mexicanos solemos cerrar filas en las buenas, las malas… y las peores.