El puente Nichupté se realizó en un total de mil 372 días, es decir, tres años, nueve meses y dos días, entre la fecha en que se iniciaron las obras el domingo 31 de julio de 2022 y su inauguración formal, el sábado 2 de mayo de 2026.
Tal cantidad de días representan unos 730 más, es decir dos años más del plazo que se dio inicialmente para terminar la obra, en abril de 2024.
Sin embargo, todos estos plazos son muy menores con relación al tiempo que ya llevaba Cancún en espera de una obra de esta importancia, que permitiera tener una vía alterna al bulevar Kukulcán, para comunicar a su zona hotelera.
Se estima que hace unos 30 años se planteó la necesidad de que la zona turística contara con un vía adicional al bulevar Kukulcán, por lo que el atraso de dos años es ridículo y muy menor, al tamaño y trascendencia de la obra.
Más aún, después de que el puente Nichupté terminó siendo una obra financiada al 100 por ciento por el gobierno federal y de uso y acceso libre.
Porque no hay que olvidar que el puente pudo haber sido de cuota, debido a que a finales de 2020, el entonces gobernador Carlos Joaquín González, envió una iniciativa al Congreso del Estado para que aprobara un decreto mediante el cual se establecía una Asociación Pública Privada (APP) para construir el puente Nichupté, sobre la laguna del mismo nombre.
Este proyecto ya estaba armado para ser realizado por la constructora Coinsa junto con el gobierno del estado, con financiamiento de unos dos mil millones de pesos del gobierno federal, para una obra que tendría un costo de cuatro mil 600 millones de pesos, pero sin precisar quién y cómo se aportarían los dos mil 600 millones de pesos restantes.
Y aunque en el decreto no se mencionaba este pequeñísimo detalle financiero, en él se establecía que la obra quedaría concesionada por 30 años y que durante 28 años se comprometían 20 mil millones de pesos del presupuesto estatal, para amortizar el costo y mantenimiento del puente.
Sin duda se trataba de un atraco en despoblado para las arcas estatales que, afortunadamente, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador detectó debido a que un senador de su partido le advirtió lo que podría ocurrir si se permitía el proyecto del citado decreto.
Para la buena fortuna de Quintana Roo, AMLO tomó como suyo el proyecto y lo replanteó para desarrollarlo al 100 por ciento con recursos federales y como una infraestructura de tránsito libre, tal y como es.
Si bien es cierto que el puente Nichupté finalmente costó casi el doble de lo que se presupuesto inicialmente, es decir siete mil 56 millones de pesos, a final de cuentas esa cifra es muy inferior a lo que pudieron terminar pagando los quintanarroenses si se hubiera permitido el proyecto de Carlos Joaquín, mediante una APP.