Un investigador de Quintana Roo, realizó el descubrimiento de una criatura marina nunca antes vista, encontrada a más de 2,500 metros de profundidad frente a las costas de Islandia. Se trata de Eduardo Suárez Morales, de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) en Chetumal, encabezó un equipo internacional que describió una nueva familia, un nuevo género y una nueva especie de crustáceo copépodo. El hallazgo fue publicado en la revista científica PeerJ, publicada el 18 de mayo.
El pequeño animal, bautizado como Thalassodoron bathyale, mide apenas 5.7 milímetros —similar a la punta de un lápiz—, pero sus características son tan singulares que no podía clasificarse dentro de ninguna familia conocida. Hasta ahora, todos los copépodos de su grupo pertenecían a una sola familia, llamada Monstrillidae. Este espécimen representa un linaje completamente nuevo.
El crustáceo fue recolectado en septiembre de 2011 durante la expedición IceAge a bordo del buque alemán FS Meteor. La muestra se obtuvo en la Cuenca de Irminger, al sur de Islandia, a una profundidad de 2,537 metros, utilizando un trineo epibentónico que arrastra redes cerca del fondo marino. Se trata de un macho adulto, único ejemplar capturado.
Te podría interesar
“Es un regalo del mar”, dice el nombre del nuevo género: Thalassodoron combina las palabras griegas thalassa (mar) y doron (regalo). El nombre de la especie, bathyale, significa “profundo” en griego.
Lo que hace tan especial a esta criatura es su extraña anatomía. A diferencia de sus parientes, que tienen antenas rígidas apuntando hacia adelante, Thalassodoron posee dos larguísimas y delgadas antenas que se dirigen hacia atrás, casi como coletas. Miden más que todo su cuerpo.
Además, en la zona de la boca presenta un par de pequeños apéndices con cinco segmentos. En todos los demás copépodos de su orden, los adultos carecen por completo de piezas bucales. Otra rareza: sus patas del quinto segmento (las traseras) son ramificadas, algo que nunca se había visto en machos de este grupo. También tiene una estructura caudal enorme, parecida a una cola.
El equipo utilizó microscopios de alta tecnología y análisis genéticos para confirmar que se trata de una nueva familia, a la que llamaron Thalassodoridae.
El hallazgo demuestra que las profundidades oceánicas aún guardan sorpresas. Hasta hace pocos años, se creía que estos copépodos solo vivían cerca de la superficie en aguas costeras. Este ejemplar sugiere que en realidad tiene hábitos bentopelágicos, es decir, nada cerca al lecho marino.
Sus antenas tan largas y frágiles serían un estorbo para vivir dentro de un hospedador (son parásitos de gusanos marinos durante su juventud), pero le dan ventajas para nadar libremente y escapar de depredadores en la oscuridad de las profundidades.
“Es el segundo monstrilloideo más grande jamás registrado”, señalan los autores. Solo una especie de aguas someras es ligeramente mayor.
El descubrimiento fue posible gracias a la colaboración entre Ecosur en México, el Consejo Nacional de Investigación de Italia, el Centro Alemán de Investigación de Biodiversidad Marina y el Museo de Naturaleza de Hamburgo.
“Este trabajo aporta nuevas claves para entender la evolución y la ecología de un grupo muy peculiar de crustáceos”, concluye Suárez-Morales. Ahora, el siguiente reto será encontrar una hembra de esta misma especie para completar la historia.