Durante años, para miles de trabajadores del sector turístico de Cancún llegar a la Zona Hotelera fue una rutina que terminaba convirtiéndose en castigo. No era solamente trasladarse de un punto a otro, sino perder horas enteras entre filas interminables, camiones saturados y un Boulevard Kukulcán convertido muchas veces en un estacionamiento de varios kilómetros.
Por eso, el inicio de pruebas del nuevo sistema de transporte sobre el Puente Nichupté merece verse más allá de la discusión política o del pleito habitual de redes sociales.
Los números ayudan a entenderlo mejor: la nueva Ruta 27 conectará más de 170 colonias y beneficiará a alrededor de 160 mil personas. Operará inicialmente con 32 unidades con capacidad cercana a 80 pasajeros cada una y frecuencias de entre 11 y 12 minutos.
No obstante, el dato verdaderamente importante no es ese… sino el tiempo.
Porque reducir entre 20 y 50 minutos diarios de traslado significa algo más que llegar rápido. Significa una hora menos de cansancio. Una hora más con los hijos. Una hora menos parado en medio del calor, después de una jornada de ocho o diez horas trabajando para sostener la industria turística que mueve a Cancún.
Y ahí es donde también se caen también las críticas de quienes intentan vender la idea de un transporte “elitista” o diseñado para favorecer intereses privados, porque ningún proyecto pensado únicamente para unos cuantos conecta más de 170 colonias populares.
Las nuevas unidades de la Ruta 27 incorporan aire acondicionado, cámaras enlazadas al C5, GPS, internet, cargadores USB, espacios para bicicletas, accesibilidad universal, rampas y señalización braille. El esquema contempla además tarifas accesibles y sistemas de pago electrónico.
Las ciudades modernas entendieron hace tiempo que las obras sobre agua no son lujos; son soluciones. Singapur, Miami, Vancouver o Dubái utilizan sistemas similares para conectar zonas turísticas y áreas urbanas porque descubrieron algo elemental: mover personas eficientemente también mueve la economía.
Cancún dejó de ser hace mucho un pequeño destino turístico para convertirse en una ciudad que exige infraestructura de gran escala. Por eso es que la clase trabajadora del motor económico de Cancún -el turismo-, bien se lo merece.
ZARPAZO
Mientras algunos intentaron sembrar miedo sobre supuestos hundimientos o riesgos estructurales del nuevo Puente Nichupté, la autoridad federal en infraestructura aclaró que no existen apuntalamientos de emergencia ni fallas estructurales. Incluso, afirma la SICT, las estructuras señaladas forman parte del diseño original y la obra mantiene monitoreo permanente.
Curioso cómo cerca de tiempos políticos aparecen también los ingenieros de Facebook, los arquitectos de WhatsApp y los expertos de TikTok. Por eso, es preciso entender que a veces el tráfico más pesado no está en las calles… sino en la desinformación.