Integrantes del colectivo Cenotes Urbanos y activistas ambientales advirtieron sobre daños ambientales “irreversibles” provocados por la construcción del Tren Maya en la selva y el sistema de cavernas de la Península de Yucatán, además de señalar posibles riesgos estructurales derivados de las condiciones en las que fue edificada la obra.
José Urbina Bravo, buzo de cuevas e integrante de los colectivos “Cenotes Urbanos” y “Sélvame del Tren MX”, afirmó que durante el desarrollo del proyecto ferroviario no fueron escuchadas las advertencias de especialistas ambientales y técnicos sobre los riesgos de construir infraestructura pesada sobre el acuífero de la región.
“El Tren se doblegó a la voluntad de un grupo de hoteleros, de un grupo de inversionistas y de la demagogia más cerebral como plataforma política”, expresó Urbina durante una declaración difundida públicamente.
De acuerdo con el especialista, uno de los principales problemas es que la obra fue levantada en una zona altamente vulnerable desde el punto de vista geológico y ambiental, además de que, aseguró, no contó con los estudios adecuados ni con condiciones óptimas de construcción.
Urbina sostuvo que existen más de 10 mil columnas que sostienen el tramo elevado del Tren Maya y que muchas de ellas se encuentran introducidas directamente en el acuífero, incluso en áreas de difícil acceso para labores de inspección y mantenimiento.
Según explicó, buzos que han logrado ingresar a algunas zonas han detectado estructuras dañadas y pilares con aparentes deficiencias de fabricación, situación que atribuyó a materiales de baja calidad y modificaciones improvisadas durante el proceso constructivo.
“Estos pilares que vemos reventados no se reventaron porque el ingeniero que hizo el cálculo falló; se reventaron por la pobre calidad, porque hicieron parches”, afirmó.
El integrante de Cenotes Urbanos advirtió que el deterioro progresivo del concreto dentro del agua salada podría generar contaminación en el acuífero y complicaciones mayores a largo plazo, debido a las dificultades para inspeccionar y dar mantenimiento a las estructuras sumergidas.
También cuestionó la viabilidad financiera del proyecto ferroviario y aseguró que el costo de mantenimiento continuará incrementándose con el paso de los años. En su posicionamiento, citó cifras sobre gastos diarios millonarios tanto para operación como para el pago de la inversión realizada en la construcción.
“Aún si estuviese perfectamente bien hecho, sería una tragedia económica y social. Y además de que es esa tragedia, súmale que está mal hecho”, expresó.
Urbina afirmó además que parte de los daños ecológicos ya no tienen posibilidad de revertirse, particularmente aquellos relacionados con la contaminación del agua subterránea y la afectación a la selva.
“Lo que hicieron en la selva contaminó el agua de una forma irremediable”, sostuvo el activista, quien llamó a detener proyectos que continúen afectando el sistema cavernoso y el equilibrio ecológico de la región.
Pese a ello, indicó que actualmente colectivos ambientales y especialistas trabajan junto con autoridades ambientales en la elaboración de reglamentos y mecanismos de protección para cavernas, cuevas y el acuífero de Quintana Roo.
Entre las propuestas, mencionó la creación de una reserva enfocada en la protección integral del acuífero y de la biodiversidad asociada a la selva maya.
Finalmente, Urbina señaló que las presiones del desarrollo inmobiliario y turístico continúan representando amenazas para el ecosistema de la región, al mencionar proyectos hoteleros, condominales y obras costeras que, dijo, priorizan el retorno económico sobre la conservación ambiental.