Es indudable que en el pasado tres mujeres tuvieron el apoyo incondicional de Andrés Manuel López Obrador, pero sólo una de ellas entendió que ese respaldo, más que una simpatía, era porque esperaba se convirtieran en pilares de un proyecto -que no de un personaje-, llamado Cuarta Transformación.
Sin embargo, solamente una de ellas lo entendió así: que el proyecto político trascendería más allá de un mandato y que era indispensable tener el tacto y el talento para darle continuidad y brindarle el apoyo a la ahora presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo.
Mara Lezama Espinosa, gobernadora de Quintana Roo, lo entendió desde un principio y comprendió que la lealtad tenía una extensión para consolidar lo que ahora se conoce como “segundo piso” del proyecto.
No así lo hicieron las gobernantes de Campeche, Layda Sansores, y la Veracruz, Rocío Nahle, quienes hoy toman actitudes de rebeldía ante los severos señalamientos del escrutinio público.
El caso de Nahle viene de un presunto quebranto financiero que se calcula en mil 600 millones de pesos y también de su presunta negligencia ante el reciente derrame de petróleo que apareció en las costas veracruzanas y que, pese a la negativa de la gobernante, fue finalmente reconocido por Pemex como una falla en los ductos.
No es el primer señalamiento que enfrenta la veracruzana (aunque se asegura es originaria de Zacatecas), pues ya se le acusó también de omisiones y falta de previsión en fenómenos meteorológicos que ocasionaron muerte y destrucción en esa entidad.
Lo de Layda es tema más complejo, pues se queja de los recortes del presupuesto federal que, dice, “me hacen sentir más pobre que nunca”.
Además, asegura que no hay ni para apagar la energía eléctrica de los edificios estatales, situación que, asegura, podría obligarla a “bajar las cortinas”.
Sansores tiene además un problema político muy serio, pues se ha enfrentado abiertamente al Congreso de su estado, particularmente con los diputados de su partido Morena.
En sentido totalmente contrario, Mara Lezama ha sabido hacer equipo con Sheinbaum, quien recurrentemente la invita a reuniones en Palacio Nacional y a sus “mañaneras” para anunciar importantes proyectos para Quintana Roo.
Con la gobernadora de Quintana Roo siempre hay noticias después de cada viaje a la capital del país.
Ni Sansores, ni Nahle tienen alguna obra o proyecto que las haga trascender.
Mara Espinosa, en cambio, pasará a la historia como la gobernante que dejará una infraestructura que era necesaria y urgente.
Para citar el mejor ejemplo está la obra del puente Nichupté que será inaugurado en breve y que resolverá uno de los problemas principales de Cancún con una mejor movilidad de tránsito tanto en la zona hotelera como en la ciudad.
A esto hay que sumarle el nuevo rostro a la entrada de Cancún con una modernizado bulevar Colosio.
Cada cual en su perfil, deberán afrontar un proceso electoral el próximo año y que para Claudia Sheinbaum es primordial para consolidar su gobierno y contar mayores lealtades en la segunda parte de su mandato.
Mara es, hoy por hoy, para la Presidenta, garantía de lealtad.
Bola cantada: El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, fue señalado directamente por el gobierno de Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico, junto con otros nueve funcionarios de esa entidad.
Se abre, con ello, un nuevo episodio en la relación diplomática con el vecino país.