EL RUGIDO DEL BALAM

Magnicharters: otra ala que se rompe

El impacto hizo mella en destinos turísticos como Cancún, uno de sus principales mercados, que resintió cancelaciones en cadena

LOCAL

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El Rugido del Balam, columna de Jorge Castro Noriega del 15 de abril de 2026 Créditos: El Heraldo Media GroupCréditos: El Heraldo Media Group

Si bien Magnicharters no ha declarado todavía su quiebra, en el sector de la aviación dejar de volar de un día para otro -y en plena temporada alta- representa, literal, una caída en picada. 

La suspensión total de sus operaciones el fin de semana por “problemas logísticos” dejó varados a cientos de pasajeros y exhibió lo que ya venía cocinándose: una empresa debilitada por dentro, con conflictos entre socios y señales claras de asfixia financiera.

Desde el año pasado, la turbulencia sacudía fuerte a la aerolínea. Pilotos denunciando adeudos de varios meses, viáticos sin pagar y un episodio que retrató el fondo del problema cuando un comandante se negó a despegar en el AICM -reteniendo horas a los pasajeros a bordo-, hasta que le liquidaran su salario.

El impacto hizo mella en destinos turísticos como Cancún, uno de sus principales mercados, que resintió cancelaciones en cadena. Ahí, más allá del problema empresarial, apareció la respuesta institucional y la gobernadora Mara Lezama gestionó, junto con autoridades federales y otras aerolíneas comerciales, el traslado de pasajeros varados a través de Viva Aerobus y Volaris. Un rescate discreto pero necesario, que evitó que el golpe fuera mayor para el destino que despedía a sus visitantes de Semana Santa. 

Lo de Magnicharters también deja ver la fragilidad de las aerolíneas mexicanas: operaciones reducidas, flotas envejecidas, márgenes mínimos y una dependencia excesiva de temporadas altas. Con dos aeronaves y apenas unas rutas activas, no tenía el mínimo margen de error y cualquier conflicto interno terminaría siendo letal. 

La historia no es nueva. En 2010, Mexicana de Aviación colapsó entre deudas y conflictos laborales. Un año antes, Aviacsa cayó tras problemas financieros y regulatorios. Y en los noventas, TAESA terminó hundida por mala gestión y un accidente que la remató. Distintas épocas, un mismo patrón: administración débil, finanzas frágiles y decisiones que no resisten la realidad del mercado.

Magnicharters se suma hoy a esa lista, aunque aún no lo reconozca oficialmente. Pero en este negocio, no es un secreto que cuando una aerolínea deja de volar, es porque su aterrizaje final ya comenzó.

ZARPAZO

Mientras otra línea aérea privada se desploma en México, el gobierno insiste en mantener volando su propia apuesta con Mexicana… pero los números no acompañan el esfuerzo. 

Más de mil 200 millones de pesos en pérdidas en su primer año, otros cientos acumulados en 2025 y una operación que no despega ni en ocupación ni en rentabilidad.

La vieja Mexicana murió por falta de dinero. La nueva ahora vive y depende de él. Un proyecto sostenido con recursos públicos que, lejos de competir, confirma que no basta con despegar… sino que hay que saber volar.