El Caribe mexicano es la región del país más productiva en materia turística. A pesar de los altibajos que ha registrado en los últimos dos años, continúa siendo la zona que genera mayor rentabilidad en turismo para México.
Tan solo 2024 cerró con más de 20 mil millones de dólares captados, con casi 21 millones de turistas, una creciente infraestructura hotelera que rebasa las 135 mil habitaciones y un promedio de ocupación superior al 74 por ciento.
Con tal carta de presentación, el Caribe mexicano es sin duda una región próspera, con empresas exitosas y muy productivas, lo cual también tendría que reflejarse en sus ciudades, sus municipios y sus habitantes.
Sin embargo no es así. En el estudio "Beneficios en fuga: Ganancias para unos pocos y pérdidas para el resto", realizado por la confederación internacional de ONGs denominada Oxfam, que opera en 80 países con el objeto de combatir la pobreza, la desigualdad y la injusticia, dedica uno de sus apartados a la actividad turística en México.
Ahí se establece que "los destinos turísticos más emblemáticos de México fueron planificados y construidos por el Estado en el litoral, con un diseño que hace que la playa sea para quien la paga y no un espacio público".
Agrega que "quienes trabajan en este sector son contratados por temporadas, con salarios bajos estancados por más de 10 años y con profundas brechas de género”, desfavorable para las mujeres.
Asume que México ha apostado por el turismo como una fuente de ingresos de divisas y por eso es el sexto país con mayor número de visitantes internacionales en el mundo.
Es una actividad que se ve como palanca de desarrollo, como lo cita la actual secretaria del ramo, “el turismo es el motor más noble de nuestra economía; una herramienta que transforma vidas y revitaliza las comunidades”; algo que, cita el estudio, "está muy alejado de la realidad. Los servicios públicos, inversiones y buenas vacaciones son solo para unos cuantos".
Si bien es cierto que la actividad turística genera abundante riqueza, en particular el Caribe mexicano, también es una realidad que mantiene como grave problema la distribución inequitativa de esa riqueza, que se reflejan en las malas condiciones de vida de los trabajadores del sector y los problemas urbanos y sociales que padecen las comunidades dependientes del turismo.
Es por eso que se propone en el trabajo de Oxfam "cuestionarnos qué modelo económico queremos para el bienestar de las mayorías y no solo de unos cuantos. Un modelo basado en la justicia económica, en el que se ponga a la naturaleza, las comunidades y las personas en el centro de las decisiones sobre el valor del trabajo, la redistribución por medio del dinero público y la distribución de los ingresos y la riqueza, el territorio y los recursos naturales".