Lo que empezó como un pleito ambiental en la Riviera Maya en el sexenio pasado, es ya es un problema internacional que le está causando dolores de cabeza a la presidenta Sheinbaum.
Estados Unidos decidió meterse de lleno al caso Vulcan y lo hizo como sabe: legislando y presionando. El Congreso aprobó medidas para proteger a la empresa y abrir la puerta a sanciones contra países que, bajo su interpretación, afecten inversiones estadounidenses.
Y sí, el origen es claro y sabemos que esto no lo generó Sheinbaum. Es una herencia directa de López Obrador que frenó las operaciones de Vulcan-Calica en Quintana Roo bajo el argumento ambiental, pero sin cerrar el frente legal ni el diplomático, generando una situación que se vendió como defensa del territorio, pero que hoy ha escalado como conflicto binacional.
Ayer, la Semarnat reiteró que no hubo expropiación en el caso y que los terrenos siguen siendo de la empresa. Lo único que cambió -aclaró- fue el uso del suelo al declararlo Área Natural Protegida. Jurídicamente puede ser correcto, pero el problema es que en conflictos con el gobierno de Trump no basta con tener la razón, sino hay que tratar de imponerla… y ahí es donde EU tiene el sartén por el mango.
En Washington ya instalaron otro discurso. El de una empresa “de ellos” afectada por decisiones unilaterales del gobierno de México. Y con esa narrativa han avanzado, sin esperar arbitrajes ni escuchar razones.
El punto delicado es dónde está el conflicto: en Quintana Roo.
Punta Venado, donde operaba Vulcan-Calica, no es cualquier terreno. Es infraestructura, es logística y una pieza clave en una de las zonas turísticas más importantes del país.
La presidenta Sheinbaum llega a este punto sin mucho margen de maniobra. Si endurece la postura, chocará con EU en medio de tensiones -de por sí intensas- por temas de seguridad y migración. Pero si cede, tendrá que pagar el costo interno… u optar por una negociación silenciosa. Que no sería la primera vez.
ZARPAZO
Mientras aquel conflicto escala y busca salidas, Quintana Roo manda una buena señal. En pleno arranque de Semana Santa, la gobernadora Mara Lezama reportó 749 operaciones aéreas en un día, la segunda cifra más alta del año (la primera fue en enero, con 766).
Este lunes, la ocupación hotelera superaba ya el 80% y se confirma así que el Caribe Mexicano sigue en el radar global como un gran imán turístico.
En medio del ruido, los vuelos y los visitantes siguen llegando… y eso, al final, son los números que cuentan.