En medio del crecimiento acelerado que vive el Caribe mexicano, el debate entre desarrollo económico y conservación ambiental se mantiene como uno de los temas centrales en la agenda pública. Para Guillermo DChristy, Presidente de la organización Selvame MX, la discusión no debe centrarse en frenar el desarrollo, sino en corregir la forma en que este se ha llevado a cabo en la región.
El especialista dejó claro que no existe una postura en contra del desarrollo como tal. “No estamos en contra del desarrollo… estamos en contra del desarrollo desordenado, del desarrollo que no cumple con las normativas medioambientales, ni municipales, ni estatales, ni federales”, afirmó. Explicó que el problema radica en un crecimiento impulsado por intereses económicos de corto plazo, donde algunos proyectos buscan recuperar la inversión de manera inmediata sin considerar las consecuencias. “Se quiere vender la gallina de los huevos de oro lo más rápido posible”.
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Desde su perspectiva, cualquier actividad humana genera impacto ambiental. “Nos queda muy claro que cualquier tema de desarrollo humano genera un impacto ambiental”. Sin embargo, subrayó que este puede reducirse significativamente si existe planeación real. En ese sentido, señaló que el primer criterio es aplicar la ley: “La ley general ambiental ya contempla mucho del desarrollo. Si empezáramos por hacerle caso a la ley, ya tendríamos mucho ganado”.
Para ilustrar que conservación y desarrollo no son incompatibles, citó el ejemplo de Costa Rica, un país que tiene consignado el 26% de su territorio como parques nacionales y que ha construido su economía sobre el ecoturismo. “Es irónico que México, siendo el quinto país más biodiverso del planeta, no hayamos podido desarrollarnos a la par del cuidado de la naturaleza”, expresó. “Sí es posible vivir del turismo sin lastimar y dañar los recursos naturales”.
En cuanto a un modelo viable para la región, alertó sobre los efectos de la masificación turística. “Masificar el turismo es bajar la calidad, crear más impacto y tampoco genera grandes beneficios sociales”. Como alternativa, planteó impulsar el turismo comunitario, el turismo de aventura, el turismo deportivo y el turismo social. Este tipo de actividades, añadió, permite que los recursos lleguen directamente a las comunidades y no se concentren en grandes desarrollos.
Sobre los requisitos para autorizar proyectos en zonas sensibles, destacó la necesidad de contar con una Manifestación de Impacto Ambiental rigurosa —no como trámite burocrático— que catalogue las especies afectadas y proponga medidas de mitigación reales. Señaló además que es fundamental evaluar el manejo del agua, los residuos y la capacidad de carga de los ecosistemas antes de autorizar cualquier proyecto.
Estas posiciones son consistentes con un posicionamiento público que DChristy difundió en su cuenta de X (Twitter) el 2 de marzo, en el que detalló las condiciones mínimas que, a su juicio, debería cumplir cualquier desarrollo en zonas ambientalmente sensibles. En dicho texto planteó que toda autorización debería partir de una perspectiva conservacionista, y señaló que si en sus manos estuviera la decisión, propondría un esquema de turismo científico y deportivo basado en densidad mínima y valor máximo: menos visitantes pero con mayor gasto per cápita y enfocados en la naturaleza. Propuso integrar estaciones de investigación marina dentro de los desarrollos hoteleros como “laboratorios vivos”, hacer obligatorio el uso de energía solar y sistemas de desalinización de bajo impacto para no comprometer el acuífero dulce, y decretar áreas naturales protegidas en torno a los polos de desarrollo existentes para acotar la expansión inmobiliaria futura y garantizar así un crecimiento verdaderamente sostenible.
Lo dicho en X lo reitera, en materia de ordenamiento territorial, propuso fortalecer las áreas naturales protegidas como instrumentos para acotar el crecimiento inmobiliario desordenado, no como zonas de exclusión absoluta. “Se tiene que pensar en el mediano y largo plazo, no en crecer de forma desmedida”.
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En el marco de la conversación sobre municipios como Othón P. Blanco, Felipe Carrillo Puerto y Lázaro Cárdenas, destacó la importancia de incluir a las comunidades en la toma de decisiones. “Primero hay que preguntarle a los habitantes cómo quisieran ver su desarrollo”. Criticó que en muchos casos se imponen modelos externos que desplazan a la población local: “Al final, comunidades que eran dueñas de sus tierras y de su estilo de vida quedan desplazadas y en el mejor de los casos acaban trabajando en empleos que no son justos”, lamentó.
Finalmente, para Guillermo DChristy, el desarrollo sostenible solo será posible si se respetan tanto los ecosistemas como las comunidades. “No podemos pensar en proyectos sostenibles si no se protege el lado natural, el lado social y una economía que pueda trascender en el tiempo”.