Mientras Cuba vive apagones, hambre y desesperación, el régimen montó su más reciente espectáculo: un “safari comunista” disfrazado de ayuda humanitaria. Durante días, activistas, ‘streamers’ e ‘influencers’ de izquierda -como Hasan Piker, Pablo Iglesias y toda una tropa internacional- fueron paseados, hospedados y consentidos en hoteles de cinco estrellas, con aire acondicionado, comida abundante y vehículos con chofer.
La postal fue obscena: la isla en total penumbra… y el circo revolucionario con todos los reflectores encima.
Estos “idiotas útiles" llegaron a “protestar por el bloqueo” de Donald Trump, pero lo hicieron desde el único edificio con electricidad en toda La Habana. Hablaron de solidaridad, mientras disfrutaban lo que el cubano de a pie no ve desde hace años. Esa izquierda global, que presume conciencia social, terminó convertida en comparsa de un montaje propagandístico.
El régimen necesitaba oxígeno mediático en medio del colapso. Más de un millón de cubanos han huido desde 2021, el sistema eléctrico se desploma, y el hambre y la pobreza asfixian. Pero en lugar de abrirse al cambio, La Habana prefirió montar el espectáculo: música, recorridos guiados, narrativa controlada… y hasta la escena surrealista de un fusil entregado al trovador Silvio Rodríguez para “ir a pelear contra el imperialismo”, como si la revolución aún necesitara hazañas heroicas y no soluciones.
Mientras tanto, el presidente Miguel Díaz-Canel juega a la inmolación. Habla de “resistencia inexpugnable”, de “dar la vida por la revolución” y de preparar al país para una guerra que no existe en esos términos. Porque si algo está claro, es que Cuba no tiene capacidad real para enfrentar a Estados Unidos. Ni en el terreno militar, ni tecnológico, ni estratégico.
Todo es un discurso para consumo interno… y para distraer la atención sobre el fracaso. La realidad de Cuba es patética: un Ejército desactualizado, tropas desmoralizadas, armamento de los años 50’s y un país quebrado no pueden sostener una narrativa bélica en pleno siglo XXI.
El régimen castrista ignora que las guerras ya no son con bayonetas ni de cuerpo a cuerpo, sino a distancia y tecnológicas. Y Cuba no juega para nada en esas ligas.
El verdadero conflicto no está en Washington, está en La Habana. En un modelo agotado que se niega a reformarse, mientras culpa al exterior de lo que ya es insostenible desde dentro. Y en ese contexto, los “idiotas útiles” comunistas cumplen su papel como invitados VIP: legitimar lo indefendible, desde la comodidad del privilegio.
ZARPAZO
México, con Claudia Sheinbaum, mantiene su línea histórica: defensa de la soberanía cubana y llamado a que la ONU intervenga con ayuda humanitaria. La vía diplomática es la correcta, pero también debe ser honesta: ayudar al pueblo cubano no puede significar blindar eternamente a un régimen que se niega a cambiar.
Porque entre el bloqueo externo y el inmovilismo interno, el que sigue pagando la factura es el cubano de a pie. Y ese no está en el safari, ni en el hotel, ni en el discurso. Está en la más completa oscuridad.