El acelerado cambio climático, combinado con la transformación del territorio y el crecimiento urbano, genera nuevos riesgos ambientales y sociales en Quintana Roo, advirtió la geógrafa e investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo (Uqroo), Adriana Lucía Trejo Albuerne, durante una charla difundida a través del Consejo Quintanarroense de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (COQHCYT).
La especialista presentó el tema “Vulnerabilidad social, intrusión salina y gestión del riesgo de desastres en el Caribe mexicano: retos territoriales ante el cambio climático”, en el que explicó cómo la interacción entre fenómenos naturales y actividades humanas modifica las condiciones ambientales de la región.
Trejo Albuerne señaló que el cambio climático no constituye un fenómeno nuevo en la historia del planeta, ya que las fluctuaciones climáticas siempre han existido. Sin embargo, lo que genera preocupación actualmente es la velocidad con la que ocurre el calentamiento global.
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“Lo que no es normal son los tiempos tan acelerados en los que está sucediendo. En aproximadamente cien años la temperatura del planeta aumentó varios grados centígrados, lo que dificulta que los ecosistemas y las especies logren adaptarse”, explicó.
En el caso del Caribe mexicano, el aumento del nivel del mar representa una de las principales amenazas. Este fenómeno provoca una erosión más rápida en la línea de costa, especialmente en zonas donde la vegetación natural fue removida para dar paso al desarrollo urbano o turístico.
La investigadora indicó que en muchos puntos del norte del estado se sustituyeron ecosistemas costeros como los manglares por infraestructura turística o urbana. Esta modificación del territorio reduce la protección natural frente al oleaje y acelera los procesos erosivos.
A ello se suma el incremento de temperaturas en las ciudades. Trejo Albuerne destacó que el sobrecalentamiento urbano constituye un fenómeno cada vez más evidente para los habitantes de la entidad.
“Podemos preguntar a las personas que han vivido aquí muchos años si antes sentían la ciudad tan caliente como ahora y la mayoría responde que no. Esto tiene relación directa con la deforestación y con el cambio en el uso del suelo”, explicó.
La especialista agregó que el cambio climático también provoca periodos más intensos de sequía, lo que aumenta el riesgo de incendios forestales y afecta los ecosistemas regionales.
Otro problema emergente en la península de Yucatán es la intrusión salina, un proceso que ocurre cuando el agua salada del mar penetra en los acuíferos de agua dulce.
Trejo Albuerne explicó que Quintana Roo depende completamente del agua subterránea para su abastecimiento, ya que la región carece de ríos superficiales debido a la composición porosa del suelo.
“Vivimos sobre una especie de esponja natural. Cuando llueve, el agua se filtra y forma ríos subterráneos. Toda el agua que utilizamos proviene de pozos”, señaló.
Sin embargo, al extraer agua dulce mediante perforaciones, se rompe el equilibrio natural entre el agua continental y el agua marina, lo que permite el ingreso de agua salada a los acuíferos.
Este fenómeno podría obligar en el futuro a trasladar la infraestructura de extracción hacia zonas más alejadas de las ciudades, lo que implicaría mayores costos para el abastecimiento del recurso. Ante este escenario, la investigadora subrayó la importancia de fortalecer la gestión del riesgo de desastres mediante información científica y planeación territorial.
Explicó que para que ocurra un desastre deben coincidir tres factores: la presencia de una amenaza natural, la exposición de la población y la vulnerabilidad social.
Esta última se relaciona con condiciones estructurales como pobreza, acceso limitado a servicios de salud, vivienda o educación, factores que determinan la capacidad de una comunidad para enfrentar eventos extremos como huracanes o inundaciones.
Trejo Albuerne también destacó el papel de la información geográfica y la elaboración de mapas para prevenir emergencias y salvar vidas, ya que estos permiten identificar zonas de riesgo, ubicar refugios y planificar acciones ante fenómenos meteorológicos.
Asimismo, resaltó la participación de las comunidades locales y, en particular, de las mujeres en la gestión del territorio y en la reconstrucción del tejido social tras un desastre.
Finalmente, la especialista llamó a fortalecer la conciencia ambiental entre las nuevas generaciones, al considerar que las acciones locales pueden contribuir a enfrentar los desafíos del cambio climático en la región.