La actividad económica en Quintana Roo muestra fortalezas y riesgos simultáneos: la fuerza de trabajo crece y la ocupación se mantiene elevada, pero la precariedad salarial, la informalidad y las largas jornadas siguen marcando la vida laboral de miles de personas.
En el cuarto trimestre de 2025, la población económicamente activa (PEA) del estado alcanzó poco más de un millón de personas (1,011,501). De ese total, 981,364 estaban ocupadas y 30,137 se encontraban desocupadas, lo que fijó la tasa de desocupación en 3.0 por ciento. Comparada con el año anterior, la ocupación aumentó en 6,015 personas.
La estructura del empleo confirma la clara dependencia del sector servicios. Del total de ocupados, 796,045 personas (81.1%) trabajan en el sector terciario; 145,848 (14.9%) en el secundario o industrial; y 36,908 (3.8%) en el primario. Dentro del terciario, restaurantes y alojamiento concentran 23.0% de la ocupación (225,701 personas), el comercio alcanza 17.8% (174,301) y servicios diversos llegan a 11.7% (115,097). Estos rubros explican por qué la salud del turismo y el comercio local influye tanto en el mercado laboral estatal.
La informalidad permanece elevada. En el cuarto trimestre de 2025, la suma de ocupados en todas las modalidades informales fue de 439 mil personas, equivalente a 44.7% de la población ocupada. Esa tasa aumentó en 8 mil personas respecto al mismo periodo de 2024. La cifra deja en evidencia la vulnerabilidad laboral: trabajadores sin seguridad social, sin contrato o en unidades económicas no registradas.
El ingreso también refleja condiciones tensas. Más de un tercio de la población ocupada (35.8%) recibe hasta un salario mínimo; el 41.2% percibe entre uno y dos salarios mínimos. Solo 9.8% percibe más de dos hasta tres salarios mínimos y menos del 1% gana más de cinco salarios mínimos. Adicionalmente, la tasa de condiciones críticas de ocupación, medida con salarios mínimos equivalentes, fue de 34.0%. Estos datos muestran que gran parte de la fuerza laboral vive con ingresos que limitan su capacidad de gasto y ahorro.
Las jornadas laborales en Quintana Roo son intensas. El 51.3% de los ocupados trabajó entre 35 y 48 horas semanales, mientras 25.4% laboró más de 48 horas. Solo 6.5% registró menos de 15 horas. El promedio semanal de horas trabajadas fue de 44.0. Estos ritmos elevados responden, en buena medida, a la dinámica del turismo y la estacionalidad, pero también aumentan el desgaste físico y reducen el tiempo disponible para la formación o actividades familiares.
Otro punto relevante es la composición por tipo de unidad económica: en el ámbito no agropecuario, 360,123 personas (41.2%) laboran en micronegocios, y 146,949 en grandes establecimientos. El crecimiento en micronegocios —29 mil personas más que el año anterior— sugiere una economía que genera empleo, pero en estructuras de baja formalidad y con limitaciones para ofrecer prestaciones.
La subocupación retrocedió: 64 mil personas se declararon subocupadas, 6.6% de los ocupados, cifra inferior al 7.5% del año anterior. Pese a ello, la combinación de pobreza laboral, informalidad y jornadas prolongadas mantiene en riesgo el bienestar laboral.