EL RUGIDO DEL BALAM

Degradación diplomática

Si en la 4T pensaron que bastaba ser obradorista declarado, retador e insolente para merecer una embajada, se equivocan

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El Rugido del Balam, columna de Jorge Castro Noriega del 17 de febrero de 2026 Créditos: El Heraldo Media GroupCréditos: El Heraldo Media Group

La confesión del titular de la SEP, Mario Delgado, fue sincera pero altamente comprometedora. Como dicen, “la regó” fuera de la cubeta.

Aceptar ante los medios que ofreció un consulado o embajada a Marx Arriaga para facilitar su salida de la Secretaría de Educación -donde ya no lo soportaban- no sólo evidenció un torpe intento de negociación política, sino que confirmó la práctica que inició en el sexenio de López Obrador y que hoy continúa: convertir el Servicio Exterior Mexicano en premios de consolación o pago de favores.

Traducido a la diplomacia, aquella frase presidencial memorable de AMLO de que en el gobierno se requería “90% lealtad y 10% experiencia”, significa que la lealtad política ha pesado más que la formación profesional en la 4T. ¿El resultado?: embajadas y consulados hoy ocupados por ex gobernadores, amigos y perfiles sin carrera diplomática.

Ahí están los casos más visibles, como Claudia Pavlovich en Barcelona y luego Panamá; Carlos Miguel Aysa en República Dominicana; Omar Fayad en Noruega y Carlos Joaquín González en Canadá. Nombramientos interpretados como recompensas políticas por rupturas partidistas o alineamientos con el poder. En todos ellos hubo críticas públicas, cuestionamientos éticos y señalamientos mediáticos que nunca desaparecieron. Pero aún así, los nombraron.

Carlos Joaquín, por ejemplo, dejó en Quintana Roo una administración quebrada, con una deuda descomunal, proveedores sin pago y acusaciones de mal manejo de recursos. Con todo, fue premiado con la más alta representación diplomática en Canadá.

A la lista se suman episodios que dañaron la imagen de México en el exterior, como la crisis -reciente- en la embajada en Londres, con denuncias laborales graves contra Josefa González Blanco; el escándalo en el consulado de Shanghái tras un enfrentamiento entre funcionarios; y ahora, bajo la continuidad del nuevo gobierno, perfiles políticos sin trayectoria diplomática que refuerzan esa amarga percepción de improvisación.

El caso de Marx Arriaga sintetiza el problema. Sin experiencia en política exterior, sin servicio en el extranjero, sin carrera diplomática, se le ofreció cual si fuera un puesto callejero representar a México en otro país. No como reconocimiento técnico, sino como burda salida política a un conflicto dentro de la SEP.

La diplomacia convertida en moneda de cambio, es una degradación de las instituciones. El Servicio Exterior Mexicano no es botín ni refugio, sino una estructura profesional que debería estar blindada de favores y lealtades partidistas.

ZARPAZO

Si en la 4T pensaron que bastaba ser obradorista declarado, retador e insolente para merecer una embajada, se equivocan. Ninguna representación de México puede depender más de gratitudes personales ni de cercanías ideológicas… mucho menos de afectos cultivados en el poder.

México merece diplomáticos de carrera, no políticos serviles ni barbajanes orgullosamente comunistas como Arriaga. Exijamos que se termine el reparto de sedes diplomáticas a perfiles indignos, porque cada cargo improvisado nos denigra y nos exhibe ante el mundo.