Llama la atención que el éxito del Caribe mexicano en 2026 se le esté ligando en buena medida a un evento internacional, más que a su propia fuerza y capacidad para atraer visitantes de manera "orgánica", tal y como lo ha hecho sin mayores contratiempos a lo largo de la mayor parte de su existencia como centro turístico de fama mundial.
Tal condición hace recordar lo que llegó a ocurrir en Cancún a principios de este siglo cuando, con gran entusiasmo, muchos prestadores de servicios turísticos se doblaron ante el spring break, como alternativa de salvación de las temporadas de primavera de aquellos años.
Esto ocurrió luego de que esos mismos empresarios habían criticado de manera severa y puntual al turismo juvenil de primavera de Estados Unidos algunos años atrás, a mediados de los 90, cuando los springbreakers llenaron hoteles, playas, discotecas y otros servicios vacacionales de Cancún, y causaron escándalos y destrozos que dañaron la imagen del destino.
El spring break fue un segmento turístico al que algunos empresarios turísticos cancunenses recurrieron a inicios de los 90 como alternativa para recuperar el turismo que se perdió tras el paso del huracán Gilberto, sin saber que tal decisión cimbraría al Caribe mexicano.
Aunque parece que no hay ningún punto como para comparar a los springbreakers con los turistas que se pretende traer el año entrante, como parte de sus itinerarios o paquetes vacacionales para asistir a juegos de la Copa Mundial 2026, lo cierto es que de nueva cuenta el Caribe mexicano le está apostando a un hecho emergente para recuperar su poder turístico.
Este hecho por sí mismo no es malo, por el contrario, será un respiro para muchos empresarios turísticos que se las han visto duras en este 2025, pero de la misma forma revela la fragilidad en que se encuentra la actividad turística de la región.
Lo ideal sería que el Mundial de Futbol 2026 fuera sólo un buen complemento para lo que de manera regular capta o captaba el destino vacacional y no como lo que parece para muchos turisteros, que consideran al certamen futbolero como una tablita de salvación.
Aquí el punto es que la justa deportiva que tiene como sede a ciudades de Canadá, Estados Unidos y México, de poco o nada servirá para atraer turistas para el invierno de 2026 o más para allá, para 2027 y año subsecuentes.
Quizá este sea un buen momento para replantear aspectos del producto o de los productos turísticos del Caribe mexicano ante una serie de condiciones diferentes, porque igual tampoco parece bueno que desgracias ocurridas en otras regiones del Caribe, como fue el huracán Melisa que destrozó Jamaica, se conviertan en factores que mejoren los flujos de visitantes a Cancún o la Riviera Maya.