La rápida expansión de las tecnologías basadas en inteligencia artificial (IA) y neurociencia plantea nuevos riesgos para la privacidad y los derechos humanos, advirtió Zabdi Saldívar Barrera, maestra en Derecho Corporativo y especialista en protección de datos personales. De acuerdo con la abogada, México enfrenta un vacío legal preocupante, pues ni su Constitución ni las leyes de protección de datos vigentes definen con claridad qué son los datos biométricos y neuronales, dejando en la indefensión a millones de usuarios frente al uso indebido de su información más íntima.
Saldívar explicó que los datos cerebrales, conocidos como neurodatos, representan el “petróleo del siglo XXI”, ya que contienen información sobre pensamientos, emociones, decisiones y preferencias humanas. Sin embargo, ante la falta de regulación, tanto los gobiernos como las empresas privadas podrían acceder a ellos sin controles efectivos.
La abogada destacó que las grandes corporaciones tecnológicas están desarrollando dispositivos capaces de traducir la actividad cerebral en comandos digitales, con fines médicos o de asistencia para personas con discapacidad.
“Estas tecnologías se presentan como avances para mejorar la calidad de vida, pero sin un marco jurídico sólido, podrían ser utilizadas para fines comerciales o de control social”, señaló.
El caso más emblemático es el de Neuralink, empresa de Elon Musk, que desarrolla interfaces cerebro-computadora implantables con la promesa de ayudar a personas con parálisis. No obstante, Saldívar advirtió que, sin una regulación clara, este tipo de herramientas podrían recopilar información neurológica con fines desconocidos o venderla a terceros.
“Con estas neuro tecnologías sacan la información de la mente, y la traducen a una computadora, el detalle es que al no tener un control, tanto en la gobernanza como el sector privado, se sale de control y se puede negociar con ello”, comentó.
La especialista recordó que Chile es actualmente el único país del mundo que ha incorporado en su Constitución la protección de la integridad mental y física de las personas. En contraste, México aún no define legalmente qué son los datos biométricos, y el extinto Instituto Nacional de Transparencia (INAI) los tomaba de referencias internacionales, como la UNESCO y la Agencia Europea de Protección de Datos.
“Es un problema muy grande para México, como para el mundo, si leemos la leyes de datos personales en manos de particulares, no tenemos la definición de datos biométricos, y una parte muy específica de esto, son los neuro datos”, lamentó
La situación se agrava ante el crecimiento acelerado del uso de inteligencia artificial en la vida cotidiana. Según datos del Pew Research Center, en 2024 un tercio de los adultos menores de 30 años afirmó interactuar con IA varias veces al día, mientras que el 26% lo hace al menos una vez por semana.
En comparación, más de la mitad de los mayores de 65 años declaró hacerlo con mucha menor frecuencia. Además, el estudio señala que el 46% de las personas con estudios de posgrado usa herramientas de IA de manera constante, lo que refleja una rápida adopción tecnológica entre los sectores más preparados.
“Lo preocupante es que la población está adoptando la inteligencia artificial sin comprender los riesgos. Cada búsqueda, cada conversación con un asistente digital o cada registro de voz entrega información personal que puede ser usada para fines políticos, comerciales o incluso militares”, señaló Saldívar.
La especialista subrayó que la ausencia de control gubernamental y la pasividad legislativa podrían derivar en un escenario donde la manipulación de datos mentales afecte procesos democráticos.
“México apenas está tratando de legislar las inteligencias artificiales, entonces al no tener una regulación de las neuro tecnologías, no sabemos los riesgos de que pasará que entes gubernamentales ni empresas tengan nuestros datos”, advirtió.
En el ámbito internacional, algunos gobiernos ya están explorando nuevas formas de integración tecnológica. Albania, por ejemplo, se convirtió en 2024 en el primer país del mundo en designar a una ministra virtual creada con inteligencia artificial, llamada Diella, encargada de supervisar licitaciones públicas. Este hecho, considerado un hito por unos y una alerta por otros, muestra el rumbo que la automatización podría tomar en los sistemas gubernamentales.
Para Saldívar Barrera, el debate sobre los neurodatos no puede esperar.
“México necesita definir de inmediato qué son los datos biométricos y neuronales, y establecer sanciones claras para su uso indebido. No se trata de frenar la innovación, sino de garantizar que la tecnología sirva al ser humano, y no al revés”, concluyó.