En las aguas tranquilas de la Bahía de Chetumal y en los rincones más profundos del Caribe mexicano, habita un universo poco conocido que combina ciencia, misterio e inspiración. Aunque el manatí es el símbolo más reconocido de la región, la realidad es mucho más amplia: ballenas, delfines, nutrias y otras especies forman parte de un ecosistema que aún guarda secretos y que hoy motiva a nuevas generaciones a mirar hacia el mar con curiosidad.
Durante una charla sobre “Los mamíferos marinos del Caribe Mexicano”, la investigadora en Ecología y Desarrollo Sustentable, la doctora Nataly Castelblanco, junto con la estudiante Valentina Galindo Barbosa, ofrecieron una mirada cercana a este fascinante mundo, donde la ciencia convive con la pasión por conservar la vida marina.
Castelblanco, quien forma parte de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), explicó que Quintana Roo cuenta con una diversidad notable de mamíferos acuáticos. Señaló que en el estado se han identificado alrededor de 17 especies de cetáceos, entre ellas delfines de nariz de botella, delfines rayados, cachalotes e incluso registros de orcas y ballenas de aleta. A esto se suman especies como el manatí, ampliamente estudiado en la región, y poblaciones de nutrias en zonas como el Río Hondo y la Laguna de Bacalar.
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Sin embargo, conocer a estos animales no resulta sencillo. La especialista indicó que uno de los principales retos es su baja densidad en el mar, lo que dificulta su observación.
“Se necesita paciencia, recursos y una gran pasión, porque puedes pasar horas en una embarcación y apenas ver una aleta o el lomo de un manatí”, comentó. A pesar de ello, aseguró que cada encuentro vale la pena y refuerza el compromiso por su conservación.
Parte fundamental de este trabajo ocurre cuando se reporta el avistamiento o varamiento de un ejemplar. A través de redes de atención, los reportes llegan, en muchos casos, mediante llamadas al 911, lo que activa protocolos de respuesta. Un equipo especializado acude al sitio para evaluar la situación del animal y, en caso necesario, trasladarlo a instalaciones como las salas de necropsia en Ecosur, donde se investigan las causas de muerte o afectación.
La información que se obtiene de estos estudios permite entender mejor las amenazas que enfrentan estas especies. Entre las principales se encuentran la pérdida de hábitat, la contaminación, el ruido generado por embarcaciones y el impacto del turismo en zonas costeras. En el caso de los manatíes, por ejemplo, la destrucción de manglares y pastos marinos afecta directamente su supervivencia.
Pero más allá de los datos científicos, la charla también dejó ver el lado humano de la investigación. Castelblanco compartió que su interés por estos animales nació desde joven, cuando tuvo contacto con ecosistemas acuáticos en Sudamérica. Desde entonces, su carrera ha estado marcada por la curiosidad y el deseo de entender especies que, aunque cercanas, resultan difíciles de estudiar.
En este escenario, la presencia de Valentina Galindo Barbosa aportó una dosis de entusiasmo juvenil. Estudiante de primaria, Valentina participa en actividades como robótica, baile y oratoria, y representa el interés de niñas y niños por la ciencia y el conocimiento. Durante la conversación, destacó la importancia de seguir los sueños y no rendirse, un mensaje que conectó con la intención de inspirar a más jóvenes.
La investigadora subrayó que hoy existen más oportunidades para que niñas y niños se acerquen a la ciencia, ya sea a través de visitas guiadas, talleres o actividades educativas. Incluso invitó a conocer las colecciones de mamíferos marinos en instituciones como Ecosur y la Universidad de Quintana Roo, donde se resguardan restos óseos y muestras que ayudan a comprender mejor a estas especies.
Finalmente, el encuentro dejó claro que el Caribe mexicano no solo es un destino turístico, sino también un laboratorio natural lleno de vida. Un espacio donde la ciencia avanza, pero también donde nacen vocaciones. Entre manatíes, delfines y ballenas, Chetumal guarda historias que apenas comienzan a contarse, mientras nuevas generaciones se preparan para protegerlas.